José sabía que no puede ser, que esos amores no pueden durar. Y que la vida es así, que te da sólo para quitarte. Y así arrancó para algún callejón, mirando un hada, escuchando un adiós. Adiós a todo placer que te saque de la amargura. El mostrador ya no aguantaba más, de codo un callo y de pié por la fe, que tiene el que se cayó para levantarse de nuevo. Ya no había letras para su caminar, amanecía y la feria otra vez buscándole su lugar, para el que se la juega entero. Y sin embargo levantó copas y copas al dolor. Al dolor de seguir vivo, que es lo bueno que tiene el dolor, y también al placer de ganar y perder; cuando todo parece jodido ES CUANDO HAY QUE PONER.